en mí antes de decirme que estabas muriendo.”
Comenzó a llorar.
“Perdóname por eso.”
“Cuando me llamaste pensé que podía perderte.”
“Nunca volveré a hacerte algo así.”
La abracé con más fuerza.
Antes del desayuno me mostró el mensaje que había escrito para Maya.
“Cuando vuelva a Puebla, ¿tomamos un café? No espero que todo vuelva a ser como antes. Solo quiero pedirte perdón mirándote a los ojos.”
Lo envió.
Después dejó el teléfono sobre la mesa.
“Ma.”
“¿Sí?”
“No sé si me arrepiento de haberme operado.”
“No tienes que