Mi hija me llamó desde la universidad llorando: ‘Mamá, necesito unakara cirugía de corazón urgente’. Conduje 4 horas pensando que podía perderla. Pero cuando llegué, tenía toda la cara vendada y una cuenta de 420,000 pesos esperándome. El médico me recibió sonriendo: ‘Qué valiente fue su familia al aceptar esto’. Yo dejé de sacar la tarjeta.

No respondió.

Subí las escaleras casi corriendo.

Entré a la habitación y cerré la puerta.

Daniela seguía acostada.

Puse mi bolsa sobre la silla.

“Acabo de hablar con tu médico.”

Sus dedos apretaron la sábana.

“Ma, estoy cansada.”

“Daniela, mírame.”

No lo hizo.

“¿Te operaron del corazón?”

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

Y después de varios segundos susurró:

“No.”

Parte 2: Sentí un frío extraño recorriéndome los brazos.

“Entonces, ¿qué cirugía te hicieron?”

Daniela se cubrió más con la sábana.

“No te enojes.”

“Conduje 4 horas pensando que mi