No respondió.
Subí las escaleras casi corriendo.
Entré a la habitación y cerré la puerta.
Daniela seguía acostada.
Puse mi bolsa sobre la silla.
“Acabo de hablar con tu médico.”
Sus dedos apretaron la sábana.
“Ma, estoy cansada.”
“Daniela, mírame.”
No lo hizo.
“¿Te operaron del corazón?”
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Y después de varios segundos susurró:
“No.”
Parte 2: Sentí un frío extraño recorriéndome los brazos.
“Entonces, ¿qué cirugía te hicieron?”
Daniela se cubrió más con la sábana.
“No te enojes.”
“Conduje 4 horas pensando que mi