esfumó, reemplazado por una aguda sensación pública de incompetencia. Me sentí expuesto, despojado de la confianza que había mostrado minutos antes. Una rápida y furtiva revisión de mi aplicación bancaria confirmó la crueldad del momento: el saldo era perfectamente solvente. Fue un fallo abstracto y frustrante —una retención de seguridad, un error técnico—, pero el daño social devastador ya estaba hecho.—Llamaré al banco a primera hora mañana —balbuceé, esforzándome por soltar una risa forzada y nerviosa—. Probablemente sea solo un bloqueo de seguridad tras alguna compra online. Claire asintió,
Una fecha para recordar: cómo un simple acto de bondad lo cambió todo.