vigilarla.
Me reí.
—Creo que te has confundido de persona.
Él negó lentamente con la cabeza.
—No, señora.
—Mi esposo es médico. Jamás haría algo así.
El chico me miró con una expresión que no era de ira. Era culpa.
—Lo sé. Me dijo que usted diría eso.
Sentí que el estómago se me cerraba.
—¿De qué estás hablando?
El chico miró hacia la entrada de la gasolinera y después volvió a mirarme.
—No debería haberle dicho nada… Pero ya no podía seguir mintiéndole.
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