familia. Dime qué necesitas.
Ella permaneció callada.
La doctora hizo otra pregunta:
—¿Ha ocurrido alguna agresión anteriormente?
Mariana bajó la mirada hacia su vientre.
Entonces me contó algo que me dejó helado.
Seis semanas antes, mientras yo trabajaba hasta tarde, mi madre había entrado con aquella misma llave. Criticó el cuarto del bebé, discutió con Mariana y terminó empujándola contra un mueble del pasillo.
Después Teresa le dijo que, si me contaba algo, toda mi familia aseguraría que el embarazo la había vuelto emocionalmente inestable.
—Casi te llamé —susurró Mariana—.
Volví a casa por una carpeta que había olvidado y encontré a mi esposa embarazada de ocho meses de rodillas bajo la mesa, mientras mi madre le metía espinas de pescado en la boca frente a seis familiares que no hicieron nada