Algunos niños preguntaron qué significaban.
Sus padres les respondieron bajito.
Uno de ellos, una niña con trenzas, se acercó a Isabel con una moneda de cincuenta céntimos.
—¿Todavía se pueden comprar besos de caballo? —preguntó.
Isabel se quedó sin aire.
Pensé que iba a romperse.
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Pero Capitán bajó la cabeza justo en ese momento y rozó con el hocico el hombro de la niña.
La pequeña se rió.
Una risa limpia.
De esas que no