El niño que vendía besos de caballo para no dejar sola a su madre

al lado de una pregunta difícil sin salir corriendo.

Una mañana me dijo:

—Ramón, creo que Nico no quería solo salvarme a mí.

Yo estaba apoyado en la cerca, viendo a Capitán mordisquear hierba.

—¿No?

—Creo que quería enseñarnos a mirar.

No supe qué contestar.

Porque era exactamente eso.

Aquel niño no había tenido fuerza para levantar muchas cosas.

Pero levantó la mirada de media calle.

Y luego la nuestra.

Pasó un año.

El primer aniversario de su despedida llegó con un frío suave, de esos que se meten en