al lado de una pregunta difícil sin salir corriendo.
Una mañana me dijo:
—Ramón, creo que Nico no quería solo salvarme a mí.
Yo estaba apoyado en la cerca, viendo a Capitán mordisquear hierba.
—¿No?
—Creo que quería enseñarnos a mirar.
No supe qué contestar.
Porque era exactamente eso.
Aquel niño no había tenido fuerza para levantar muchas cosas.
Pero levantó la mirada de media calle.
Y luego la nuestra.
Pasó un año.
El primer aniversario de su despedida llegó con un frío suave, de esos que se meten en