unos minutos.
Nos acercamos al cobertizo.
Allí seguía el cartel de Nico.
Ella puso debajo una foto pequeña.
No era una foto de hospital.
Ni de silla de ruedas.
Ni de dolor.
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Era Nico abrazado al cuello de Capitán, con la cara pegada al pelo del caballo y una sonrisa enorme.
Esa sonrisa que solo tienen los niños cuando por un instante se olvidan de estar enfermos.
Isabel tocó el marco con los dedos.
—Durante mucho tiempo pensé que mi hijo se había ido dejándome