que no escuchaba.
Al final Isabel tomó la manta.
—Hoy sí ha venido —dijo.
La mujer empezó a llorar.
No fue un perdón perfecto.
No fue una película.
Pero fue un paso.
A veces la gente no cambia porque alguien le grite.
A veces cambia porque un niño ya no está, y el silencio le dice todo lo que no quiso escuchar antes.
Poco a poco, más personas se acercaron.
No muchas.
Las suficientes.
Una familia llevó sacos de pienso.
Un chico joven ofreció cortar la hierba una vez al