mes.
Un veterinario de la zona, sin hacer ruido ni poner carteles, empezó a revisar a Capitán y a otros animales de la finca cuando podía.
No era caridad de escaparate.
Era ayuda sencilla.
De esa que no necesita foto.
A Isabel le costó aceptar todo.
Siempre decía:
—No quiero ser una carga.
Y yo siempre le contestaba lo mismo:
—Las cargas se tiran. Las personas se acompañan.
Un día se quedó mirándome.
—Eso se lo habría dicho Nico a alguien.
—Pues entonces me lo ha prestado.
Capitán mejoró.
No