Diego parado al final del pasillo con Sofía dormida entre los brazos.
Había algo en su expresión.
—Tú sabías —le dije.
Bajó los ojos.
—No todo.
Sentí otra traición.
—¿Qué sabías?
—Hace unas semanas encontré sangre en una toalla. Tu mamá me pidió que no te dijera.
—¿Y aceptaste?
—Dijo que ya estaba viendo a un médico. Que tú estabas a punto de presentar el proyecto, que si te enterabas ibas a abandonar todo.
Me ardieron los ojos.
—¿La viste así más veces?
Diego guardó silencio.
—¿Cuántas?
—Varias.
Quise culparlo.