Casada por burla, convirtió una hacienda en imperio

Evaristo Luján, un antiguo capataz al servicio de los intereses de don Severo, decidió romper filas tras presenciar la injusticia sistemática contra Magdalena y comenzó a colaborar en las labores de reconstrucción.

Su primera gran aportación consistió en reparar las cercas perimetrales y los sistemas de riego, demostrando con acciones concretas su arrepentimiento y su deseo de redimirse ante la comunidad.

La petición de perdón a Magdalena
En un acto de humildad poco frecuente entre los hombres de la región, Evaristo se presentó ante Magdalena para reconocer sus faltas pasadas