Parte 2: Lección de combate cuerpo a cuerpo para el depredador arrogante

que era imprescindible guardar reposo absoluto.

Cuando Marcy me vio entrar por la puerta del dormitorio, dio un brinco del susto, intentando esconder la cara entre las manos. “Papá… ¿fuiste a verlo? Por favor, dime que no hiciste nada malo… Dijo que su tío…”

Me senté en el borde de la cama, aparté suavemente sus manos temblorosas de su rostro y besé su frente helada. “Tranquila, cariño”, dije con el tono más tranquilizador que pude, arropándola con la manta del hospital. “Ya no te molestará. Ni él ni su tío.”