Ese viejo ni siquiera se da cuenta de en lo que se está metiendo. Vamos a echarlo ahora mismo para que deje de meter la pata…
—Cállate, Dustin —murmuró el entrenador. Su voz temblaba—. ¡Cállate, por el amor de Dios, y déjame en paz!
Pero ya era demasiado tarde.
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Quince años en la Infantería de Marina me inculcaron una regla de oro: si la violencia es inevitable, hay que atacar primero, sin previo aviso y sin piedad. La diferencia entre una pelea callejera y el