para comprenderla.
Busca el libro azul.
Cuando lo encuentres, sabrás por qué desaparecí.
Perdóname por no haberte protegido como merecías.
Tu padre,
Arturo».
Terminé de leer.
La carta me temblaba entre los dedos.
Mi padre sabía que yo era inocente.
Había conocido la verdad durante mi juicio.
Y, aun así, yo había pasado tres años en prisión.
Me levanté tan bruscamente que la silla cayó al suelo.
—¿Por qué, papá? —susurré—. ¿Por qué no hiciste nada?
Entonces recordé las palabras de don Ernesto.
No le preguntes primero por qué desapareció.