lo mismo que yo.
Pero la vida no funciona de esa manera.
El dolor no se transfiere como dinero de una cuenta a otra.
Que él sufriera no me devolvería mis noches en prisión.
Que Verónica perdiera sus privilegios no borraría sus amenazas.
Que mi padre llorara por sus errores no recuperaría los años en que creí que me había abandonado.
Lo único que podía hacer era decidir qué iba a construir con el tiempo que todavía tenía.
Guardé la carta en un cajón.
No como un acto de perdón.