carta de mi padre.
No permitas que el odio decida por ti.
Miré alrededor.
En la parte trasera de la habitación había una rejilla de ventilación conectada con un pasillo de mantenimiento.
Era estrecha, pero podía pasar.
Guardé el libro azul dentro de mi mochila y me deslicé hacia la rejilla.
Antes de salir escuché a Mauricio hablar por teléfono.
—Está dentro. Sí, encontró la bodega.
Hubo una pausa.
—No, todavía no tengo el libro.
Otra pausa.
Después pronunció unas palabras que me hicieron detenerme.
—Si encuentra la segunda carpeta,