LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

Después otro.

Alguien estaba intentando entrar.

Apagué la linterna.

La manija comenzó a moverse.

—Sabemos que estás ahí, Santiago —dijo una voz masculina—. Deja el libro y sal con las manos vacías.

Reconocí la voz.

Era Mauricio.

Capítulo 4. El hombre que me había robado la vida

Durante unos segundos no pude moverme.

Mi primer impulso fue abrir la puerta y enfrentarlo.

Había imaginado aquella conversación cientos de veces. En mis fantasías, Mauricio confesaba todo y yo le hacía pagar por cada noche que había pasado encerrado.

Pero recordé la