LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

cambió de defensa poco antes de que terminara el proceso, alegando que necesitaba una estrategia más agresiva.

Nunca volví a hablar con él.

Encontré su número en internet y llamé desde la calle.

Contestó después de varios tonos.

—¿Bueno?

—Licenciado, soy Santiago Mendoza.

Se hizo un silencio.

—¿Santiago?

—Necesito su ayuda.

—¿Qué ocurrió?

—Creo que encontré pruebas de que me condenaron por un delito que no cometí.

No me pidió que se lo explicara todo por teléfono.

Me dio una dirección y me dijo que lo esperara en un café