LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

por qué mi padre había permitido que creyera que me había abandonado.

—Me dijeron que habías muerto.

—Lo sé.

—Me dijeron que tenías cáncer.

—También lo sé.

—Pasé tres años en prisión.

Mi voz se quebró.

—Tres años, papá. Cada noche pensé que quizá no volvería a verte. Y mientras yo estaba allí, tú estabas vivo.

Mi padre cerró los ojos.

—No estuve escondido porque quisiera abandonarte.

—Entonces, ¿por qué?

Miró al licenciado Ramírez.

Después volvió a mirarme.

—Porque Verónica no solo quería el dinero de la empresa. Quería asegurarse