ya era demasiado tarde. Verónica había anunciado mi muerte dentro de la empresa y había empezado a mover los bienes. No sabía en quién confiar. Me convencí de que, si permanecía escondido un poco más, podría protegerte.
Me aparté de él.
—No me protegiste, papá. Me dejaste solo.
Él no intentó defenderse.
—Tienes razón.
Aquella respuesta me dolió más que cualquier excusa.
Mi padre se levantó, fue hasta un armario y sacó una carpeta negra.
—Pero hay algo que necesitas saber. No desaparecí para siempre. Durante estos años estuve preparando