fraude.
Mi padre asintió.
—Y esa carpeta estaba en la bodega.
El silencio fue absoluto.
Mauricio había llegado antes que nosotros.
Había abierto la bodega y se había llevado algo.
Tal vez la carpeta roja.
Tal vez la única prueba que podía cerrar el caso.
Ramírez guardó la memoria USB en una bolsa protectora.
—No vamos a perseguirlo. Lo que haremos es entregar los archivos que tenemos a las autoridades y solicitar que se asegure el resto de la documentación.
Mi padre miró por la ventana.
—Si Mauricio tiene la