LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

el fraude, pero contradecía una parte fundamental de la acusación original.

—Necesitamos conseguir la carpeta roja —dijo mi padre.

—No —respondió Ramírez—. Necesitamos que las autoridades la localicen. No vamos a entrar en la propiedad de nadie ni a recuperar documentos por nuestra cuenta.

Yo sabía que tenía razón.

Había pasado tres años en prisión.

No iba a arriesgar mi libertad otra vez por actuar sin pensar.

Al día siguiente recibí una llamada de un número desconocido.

Contesté.

—¿Santiago?

Era Mauricio.

—¿Qué quieres?

—Quiero que nos veamos.

—No tengo nada