la puerta, se puso blanco.
—¿Dónde? —preguntó.
Mauricio reconoció su voz.
Se hizo un silencio largo.
—Papá…
—¿Dónde me llevaron?
—A una clínica privada. Después, cuando despertaste y te fuiste, mamá dijo a todos que habías muerto.
Mi padre cerró los ojos.
—¿Y tú le creíste?
—No. Sabía que seguías vivo. Pero tenía miedo.
—¿Miedo de qué?
Mauricio comenzó a llorar.
—De que me denunciaras.
Nadie habló durante varios segundos.
Entonces Ramírez intervino.
—Mauricio, soy el licenciado Ramírez. Si tienes documentos relacionados con un posible delito, debes entregarlos por los