LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

la puerta, se puso blanco.

—¿Dónde? —preguntó.

Mauricio reconoció su voz.

Se hizo un silencio largo.

—Papá…

—¿Dónde me llevaron?

—A una clínica privada. Después, cuando despertaste y te fuiste, mamá dijo a todos que habías muerto.

Mi padre cerró los ojos.

—¿Y tú le creíste?

—No. Sabía que seguías vivo. Pero tenía miedo.

—¿Miedo de qué?

Mauricio comenzó a llorar.

—De que me denunciaras.

Nadie habló durante varios segundos.

Entonces Ramírez intervino.

—Mauricio, soy el licenciado Ramírez. Si tienes documentos relacionados con un posible delito, debes entregarlos por los