se volvió.
—Hay algo que quiero decirte sobre papá.
Esperé.
—Durante los meses en que estuvo escondido, me envió dos mensajes. En el primero me pidió que detuviera a mamá. En el segundo me dijo que todavía podía confesar antes de que fuera demasiado tarde.
—¿Y qué hiciste?
Mauricio bajó la cabeza.
—Los borré.
No dije nada.
—No espero que me perdones, Santiago. Pero no quiero volver a vivir escondiéndome de lo que hice.
Salió de la habitación.
Yo me quedé sentado, con la copia de su declaración entre las