una fotografía de mi madre.
—Esto era suyo —dijo—. Lo guardé porque quería dártelo cuando regresaras a casa.
Tomé la fotografía.
Mi madre sonreía frente a un árbol, con el cabello recogido y una mano apoyada sobre mi hombro.
Yo era un niño.
No pude evitar llorar.
—La extrañé mucho, papá.
Él bajó la cabeza.
—Yo también.
—Cuando estaba en prisión, soñaba con ella. Soñaba que venía a visitarme y me decía que todo iba a estar bien.
Mi padre se cubrió el rostro con las manos.
—Debí haber estado