madera había una marca rectangular, más clara que el resto.
Allí había estado el libro azul.
Saqué del bolsillo una pequeña fotografía de mi padre y mi madre.
La dejé sobre el escritorio durante unos segundos.
—Lo conseguimos, mamá —susurré.
No sabía si hablaba con ella, conmigo mismo o con el niño que había sido antes de perderlo todo.
Pero, por primera vez, no sentí que tuviera que demostrarle mi inocencia a alguien.
Ya no era el hombre que regresaba de prisión con una mochila vieja y una llave que