ocupa la empresa en tu vida.
Le devolví la carpeta.
—No quiero dirigirla, papá.
Él pareció sorprendido.
—¿No?
—No. Durante años pensé que mi vida estaba ligada a ese negocio porque tú lo construiste. Pero ya no quiero vivir tratando de demostrar que soy digno de tu apellido.
Mi padre permaneció en silencio.
—Quiero construir algo mío —continué—. Algo que no dependa de lo que pasó.
Sonrió lentamente.
—Entonces hazlo.
Y por primera vez no me ofreció dinero, un cargo ni una solución preparada.
Solo me dio su apoyo.
Era