Mi nuera me llamó bru-ja en alemán durante su boda. Creyó que yo era solo un ama de casa hasta que preguntó por la escritura

miré.

—Curiosa elección de palabras.

—¿Qué?

—Hace cinco minutos usted gritaba delante de todos porque consideraba insuficiente mi regalo.

Mónica abrió la boca.

—Eso es distinto.

—Naturalmente.

Señaló hacia mí.

—Estamos hablando de respeto.

—Precisamente.

Me encantó que ella misma eligiera aquella palabra.

—El respeto era exactamente lo que iba a regalar junto con el apartamento.

Vanessa levantó inmediatamente la cabeza.

Ahí estuvo.

No preguntó por la ofensa.

No preguntó por lo que había oído.

Sus ojos cambiaron al escuchar una sola palabra.

Apartamento.

Mónica también.

—Entonces sí existe.

Richard