Mi nuera me llamó bru-ja en alemán durante su boda. Creyó que yo era solo un ama de casa hasta que preguntó por la escritura

la ceremonia del té.

Vanessa palideció.

—¿Estaba?

—Sí.

—¿Y ahora?

La miré.

—Ahora sigue siendo mío.

El murmullo entre los invitados aumentó.

Mónica dio un paso hacia mí.

—¿Está diciendo que va a castigar a mi hija quitándole su regalo de boda?

—No puedo quitarle algo que nunca fue suyo.

—¡Usted lo había prometido!

—No.

—¡Su marido nos dijo que habría una vivienda!

Richard intervino por primera vez.

—Dije que Helena y yo habíamos preparado algo para ellos.

Mónica lo señaló.

—Entonces cumpla su palabra.

Richard miró la mano que