Mi nuera me llamó bru-ja en alemán durante su boda. Creyó que yo era solo un ama de casa hasta que preguntó por la escritura

lo apuntaba.

Luego a mí.

—El apartamento pertenece a mi esposa.

A Mónica pareció no entrarle la frase.

—Pero ustedes están casados.

—Sí.

—Entonces…

Richard sonrió.

—Eso no convierte automáticamente todo lo que Helena posee en algo que yo pueda regalar.

Vi cómo Vanessa levantaba la cabeza de golpe.

Por primera vez aquella tarde, su seguridad empezó a desmoronarse.

Mónica insistió:

—Pero usted es el presidente del Grupo Bennett.

—Sí.

—Entonces no entiendo.

—No necesita entender nuestras finanzas familiares.

Clara tosió para disimular una risa.

Vanessa la fulminó con los