Mi nuera me llamó bru-ja en alemán durante su boda. Creyó que yo era solo un ama de casa hasta que preguntó por la escritura

ojos.

Yo seguí de pie.

—Mónica, usted entró aquí exigiendo una explicación. Ya la tiene.

Señalé el sobre.

—Su hija me ofreció té mientras me insultaba en un idioma que creyó que yo no comprendía. Después se quejó porque recibió cien dólares en lugar de un apartamento.

Mónica apretó los labios.

—Vanessa estudió muchos años en Europa. A veces utiliza expresiones que traducidas literalmente pueden sonar…

—Viví cuatro años en Frankfurt.

La interrumpí.

Su rostro cambió.

—¿Qué?

—Trabajé allí antes de casarme.

Miré a Vanessa.

—También estudié en Ginebra, negocié