Mi nuera me llamó bru-ja en alemán durante su boda. Creyó que yo era solo un ama de casa hasta que preguntó por la escritura

corbata.

Yo retiré las horquillas del cabello frente al espejo.

Después preguntó:

—¿Vas a decirme qué te preocupa realmente?

—Lucas.

Richard se quedó quieto.

—¿Qué pasa con él?

Le conté lo que Clara había dicho.

Él suspiró.

—Hablaré con él.

—No.

—Helena.

—Es adulto.

—Sigue siendo nuestro hijo.

—Precisamente.

Me giré.

—Si tú hablas, lo interpretará como otro problema que sus padres resuelven por él.

Richard se sentó.

—Entonces ¿qué hacemos?

—Nada.

—Eso no suena a ti.

Sonreí.

—Estoy aprendiendo.

A la mañana siguiente recibí quince llamadas.

Cinco de Lucas.