a parecer un niño esperando que lo regañaran.
Pero ya no lo era.
—Vanessa quiere disculparse.
—Bien.
—No quieres escucharla.
—No dije eso.
—No respondes.
—Me casé ayer con el teléfono apagado durante mi luna de miel.
Parpadeó.
—Tú no estás de luna de miel.
—Exactamente. Por eso puedo apagarlo cuando quiera.
Suspiró.
—Mamá.
Serví té.
—Habla.
—Lo que ocurrió ayer fue horrible.
—Estamos de acuerdo.
—Vanessa está avergonzada.
—También yo lo estaría.
—¿Puedes dejar de hacer eso?
—¿Qué?
—Responder todo como si no te importara.
Eso me hizo mirarlo.