Mi nuera me llamó bru-ja en alemán durante su boda. Creyó que yo era solo un ama de casa hasta que preguntó por la escritura

—¿Qué respuesta quieres?

—No sé.

—Entonces no critiques la que recibes.

Lucas bajó la cabeza.

—Vanessa estuvo mal.

Esperé.

—Muy mal.

Seguí esperando.

—Pero creo que retirar la casa fue demasiado.

Ahí estaba.

Ni diez minutos.

—¿Por qué?

—Porque era nuestro regalo de boda.

—No.

—Mamá…

—Era el regalo que yo pensaba entregarles.

—Es lo mismo.

—No.

Apoyé las manos sobre la mesa.

—Un regalo no existe como propiedad del destinatario hasta que se entrega.

—Eso es tecnicismo.

—Es propiedad.

—No necesitamos esa casa por necesidad.

—Entonces no existe problema.