Mi nuera me llamó bru-ja en alemán durante su boda. Creyó que yo era solo un ama de casa hasta que preguntó por la escritura

abrió, había desaparecido parte de la humildad.

—¿Nunca?

—No dije nunca.

Eso la sorprendió.

—Dije que ahora no.

—¿Qué tendría que hacer?

Sonreí.

—Nada.

—No entiendo.

—No tienes que ganar un apartamento portándote bien.

—Entonces…

—No hay entonces.

Me incliné hacia ella.

—Este es exactamente el problema. Sigues viendo nuestra relación como una transacción.

Respeto igual a propiedad.

Disculpa igual a regalo.

Ser una buena nuera igual a recibir patrimonio.

Negué.

—No quiero eso.

Vanessa dejó las flores sobre la mesa.

Por primera vez parecía realmente confundida.

—Entonces ¿qué quieres?