Mi nuera me llamó bru-ja en alemán durante su boda. Creyó que yo era solo un ama de casa hasta que preguntó por la escritura

por el apartamento.

Por Lucas.

Me preguntaba dónde habíamos fallado.

Si lo habíamos criado con demasiada facilidad.

Si cada puerta que abrimos le había enseñado que las puertas siempre debían abrirse.

Richard se despertó a las tres.

Me encontró sentada junto a la ventana.

—No es solo culpa nuestra.

—Nunca dije que lo fuera.

—Lo estás pensando.

—Tal vez.

Se sentó conmigo.

—Lucas siempre fue buen chico.

—Los buenos chicos también pueden volverse adultos con expectativas equivocadas.

—Cambiará.

—Espero.

Un mes después nos enteramos de algo que terminó de romper