nuestra vida.
No la tuya.
—Mamá…
—Te dimos educación.
Un buen comienzo.
Trabajo.
Contactos.
Amor.
Seguridad.
Todo lo que podíamos.
Pero no trabajé cuarenta años para que a los treinta tú pudieras señalar mis propiedades y preguntar cuándo te las entregaré.
El rostro de Lucas cambió.
—No quise decir…
—Sí.
Lo dijiste.
Y quizá necesitábamos escucharlo.
Richard habló por fin.
—Vete a casa, hijo.
Lucas lo miró.
—Papá.
—Hoy no vamos a resolver esto.
Vanessa comenzó a llorar.
Mónica protestó.
No respondimos.
La cena terminó.
Pasé la noche despierta.
No