—Todavía estás aprendiendo.
—Mucho.
Entonces sí abrí los brazos.
Mi hijo lloró sobre mi hombro por primera vez desde que tenía diecisiete años.
No hablamos del apartamento.
Ni una sola vez.
Semanas después regresó con Vanessa.
No porque todo estuviera arreglado.
Porque ella estaba embarazada y quería intentar salvar el matrimonio.
Yo respeté su decisión.
Vanessa dejó de venir a nuestra casa.
Yo no la perseguí.
El bebé nació dos meses después.
Una niña.
Emma.
Cuando la enfermera me la puso en brazos, todo el resentimiento que pudiera sentir hacia