imposible.
Ahora nos reímos.
El apartamento original siguió siendo mío durante mucho tiempo.
Nunca se lo di a Lucas.
Eso sorprendió a algunas personas.
Pensaban que después de reconciliarnos debía hacerlo.
Como si el perdón tuviera que expresarse mediante escritura pública.
No.
Lucas compró su vivienda.
Vanessa contribuyó.
La pagaron juntos.
Y estaban orgullosos.
Cuando Emma cumplió diez años, vendí aquel apartamento.
Una parte del dinero la invertí en un fideicomiso educativo para mis dos nietos.
Otra la doné a un programa de becas de idiomas.
Vanessa se enteró meses