solamente preguntó:
—¿La mujer sobrevivió?
Sentí que algo se rompía dentro de mí.
—No lo sé.
—Entonces espero que sí. Y quiero que sepas algo, Christopher: prefiero tener un esposo desempleado que uno capaz de abandonar a alguien para llegar puntual a una reunión.
Comencé a llorar otra vez.
Una hora después regresé a la oficina para recoger mis pertenencias.
Mi escritorio estaba exactamente como lo había dejado.
Las fotografías de mis hijas.
Una taza con la frase «El mejor papá».
Una pequeña planta que Emily me había regalado.
Metí