invitados, frente a la novia que acababa de perder, frente a la madre que lo había fabricado a su medida, tuvo que decir la verdad más pequeña y más vergonzosa de su vida.
“No.”
Lucía asomó la cara detrás de Mariana.
“¿Por qué?”
Sebastián cerró los ojos.
“Porque fui cobarde. Porque dejé que otros decidieran por mí. Porque cuando debía defender a su mamá, me quedé callado.”
Doña Dolores apretó los puños.
“¡Ya basta! No tienes que rebajarte frente a estos niños.”
Mariana giró hacia ella.
“Yo me fui porque