cadena de hoteles en Los Cabos, Cancún y Valle de Bravo. Su apellido abría puertas, conseguía mesas sin reservación y hacía que los meseros bajaran la voz cuando su madre entraba a un restaurante.
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Mariana no tenía nada de eso.
Era hija de un mecánico jubilado y de una maestra de primaria. Había estudiado pedagogía, daba clases por la
tarde y soñaba con abrir un centro para adultos que no habían terminado la secundaria. Cuando conoció a Sebastián en la biblioteca de la universidad, él llevaba una camisa demasiado