la primera vez que uno de sus hijos lo buscaba.
Mariana observó desde la puerta. No sonrió. Pero tampoco apartó la mirada.
Esa noche, Sebastián le dijo:
“Sé que llegué tarde.”
“Sí.”
“Sé que Andrés estuvo cuando yo no.”
“Sí.”
“No voy a competir con él.”
“Más te vale”, respondió Mariana. “Él nunca compitió contigo. Él protegió lo que tú abandonaste antes de saber que existía.”
Sebastián bajó la cabeza.
“Lo respeto. Si mis hijos lo aman, yo voy a agradecer que lo tengan.”
Por primera vez, Mariana vio algo