hoteles Mendoza. Rostro de revistas sociales. Trajes perfectos. Sonrisas correctas. Y una novia perfecta elegida casi con catálogo.
Renata Pineda, heredera de una familia de desarrolladores inmobiliarios, hermosa, educada, impecable. Doña Dolores la adoraba porque Renata sabía callar en los momentos exactos y posar como si hubiera nacido para las fotografías.
La boda sería en una hacienda de lujo en San Miguel de Allende. Flores blancas, mariachi discreto, cuarteto de cuerdas, chefs famosos, políticos invitados y cámaras de sociales listas para retratar el enlace del año.
Entonces doña Dolores decidió