de tristeza, sino de miedo. Había amado a un hombre que no la defendió cuando más lo necesitaba. No iba a regresar para que una familia poderosa convirtiera a sus hijos en pruebas, rumores o trofeos.
Así que desapareció.
Cambió de ciudad, bloqueó números, aceptó ayuda de una antigua profesora llamada Nora y levantó su vida pedazo por pedazo. Nacieron
Mateo, Diego y Lucía. Tres bebés prematuros, pequeños como promesas en peligro, pero tercos para vivir.
Cuatro años pasaron.
Sebastián se convirtió en lo que su madre quería. Director de