EL DÍA QUE MI MARIDO VOLVIÓ CON SU FAMILIA MILLONARIA, PEDÍ QUE ME ENVIARAN OTRO HOMBRE… Y TERMINÉ CASÁNDOME CON ALGUIEN QUE ÉL JAMÁS SE ATREVERÍA A OFENDER

miedo.

—¿Y si algún día también te marchas?

Lu Zheng no me prometió que jamás me haría daño.

Tampoco pronunció palabras grandiosas.

Solo dijo:

—Entonces tendrás que seguir sabiendo leer y escribir. Lo que aprendas será tuyo, no mío.

Fue una respuesta tan sencilla que me hizo llorar.

La investigación reveló una trama mucho mayor de lo que imaginábamos.

La empresa que pretendía comprar mis campos estaba vinculada a familiares de Gu Rou.

Su proyecto necesitaba reunir varias parcelas para construir un complejo turístico. Algunos agricultores habían recibido pagos justos.