EL DÍA QUE MI MARIDO VOLVIÓ CON SU FAMILIA MILLONARIA, PEDÍ QUE ME ENVIARAN OTRO HOMBRE… Y TERMINÉ CASÁNDOME CON ALGUIEN QUE ÉL JAMÁS SE ATREVERÍA A OFENDER

volver a la ciudad? —pregunté.

—No tengo prisa.

—El mayordomo parecía conocerte.

—Nos hemos visto algunas veces.

—Te trató como si fueras su jefe.

Lu Zheng levantó la mirada.

—No soy su jefe.

Me tranquilicé.

—Entonces está bien.

Él arqueó una ceja.

—¿Por qué?

—Porque los ricos suelen ser complicados. Yo necesito alguien que sepa trabajar.

Por primera vez lo escuché reír de verdad.

Tenía una risa grave, cálida, completamente distinta a la expresión seria con la que se había presentado.

—En ese caso, creo que cumplo los requisitos.

Le