EL DÍA QUE MI MARIDO VOLVIÓ CON SU FAMILIA MILLONARIA, PEDÍ QUE ME ENVIARAN OTRO HOMBRE… Y TERMINÉ CASÁNDOME CON ALGUIEN QUE ÉL JAMÁS SE ATREVERÍA A OFENDER

serví un cuenco de arroz con verduras.

Comió sin quejarse.

Cuando terminó, lavó su plato y el mío.

Aquello me impresionó más que los tres coches de lujo.

Los siguientes días fueron extraños.

Lu Zheng se despertaba antes que yo, preparaba el desayuno y salía a revisar las tierras.

Trabajaba con una resistencia extraordinaria.

También sabía reparar herramientas, conducir el tractor del vecino y calcular cuánto grano podía almacenarse sin echarse a perder.

A veces recibía llamadas telefónicas.

Entonces se alejaba unos metros y hablaba de contratos, inversiones y reuniones.