a Adrian?
¿Tenía derecho a excluirlo?
No.
¿Podía soportar tenerlo cerca?
Tampoco sabía.
Por la mañana encendí el teléfono.
Un audio seguía sin escuchar.
El primero.
El último mensaje de Adrian decía:
“No voy a ir a Harbor City sin tu permiso.”
Me congelé.
¿Cómo sabía?
Después entendí.
No necesitaba rastrear ilegalmente.
Había respondido al abogado.
El número podía ubicar la región por una llamada o simplemente Grace figuraba como contacto antiguo.
Tal vez había revisado mi historia.
No importaba.
Lo importante era la frase.
No voy a ir sin